José Ignacio Ávalos - Un kilo de ayuda

Posted on January 21st, 2009 by Zanzamar in Organizaciones en acción

José Ignacio Ávalos narra parte de su experiencia en el camino del emprendedurismo social. Para quienes el nombre no les suene, José Ignacio Ávalos es el líder que inició el programa de “Un kilo de ayuda” en México.

Tras graduarse como Administrador de Empresas por la Anáhuac, mientras esperaba respuesta de las instituciones donde buscaba doctorarse, José Ignacio Ávalos pensó, como pensamos muchos al titularnos, que había que hacer algo por este país. Que había que darle la vuelta. “Entonces con unos amigos organicé un congreso en Acapulco, y entre otras personas, invité a la Madre Teresa de Calcuta”. Para empezar por algún lugar.

Fue la Madre Teresa quien le dio el impulso para dar los primeros pasos de lo que varios años después se convertiría en Gente Nueva. En aquella ocasión, la Madre Teresa le dijo: “En mis viajes por el mundo he conocido muchas organizaciones que hacen muchas cosas, pero nunca una que vaya en la salvaguarda de los valores de los jóvenes y que además forme a los jóvenes para que asuman un compromiso social.”

Esas palabras lo marcaron y le indicaron el camino, “yo con la idea y en un principio se me ocurrió: Madre Teresa, religiosa católica yo muy católico, muy creyente, no muy bueno, pero muy creyente. Pues hacer un movimiento católico de jóvenes. Y entonces nos juntamos y los primeros jóvenes eran 12 y empezamos a planear lo que tendría que ser Gente Nueva. Le dedicamos dos años nomás a la planeación, sin hacer nada más que planes, planes y planes. En esos dos años, empecé a tener citas con todo tipo de gente. Desde Miguel de la Madrid hasta el Papa Juan Pablo II”.

Capacidad, oportunidad y estructura
Ese es el lema de Gente Nueva. Esa es su misión. Una semana después de ser inaugurada, la institución ya tenía más de mil 500 jóvenes afiliados. Hoy, su trabajo traspasa las fronteras y rinde frutos a través de programas y organizaciones como Financiera Compartamos y la Fundación un Kilo de Ayuda.

“No le apostábamos a qué éramos los más buenos, pero sí los más luchadores. El espíritu de lucha y compromiso superaba el aprecio personal. Pensábamos que éramos muy limitados, y que debíamos ser más arrojados en el proyecto”.

Su primer objetivo era la formación de formadores. La búsqueda de crear conciencia del valor social, de entender las diferencias y buscar soluciones. “Yo vi con la Madre Teresa que ella no aliviaba la pobreza, aliviaba el alma. Yo no puedo aliviar el alma, porque no soy quién para hacerlo. Aprendí que no puedes compensar ni distribuir riqueza para ayudar a los pobres. Me daba cuenta que la gente seguía tratando de medir la pobreza como hoy, si es por un dólar, si es por dos, si es por el poder adquisitivo. Si tratamos de medir la pobreza con indicadores económicos, la tentación va a ser compensar al pobre monetariamente y la compensación no tiene ningún beneficio, ni impacto duradero, ni a largo plazo. Lo que había que hacer era ampliar capacidades. Y eso es Un Kilo de Ayuda. Ampliar capacidades”.


El pez regalado que se volvió pez gordo
Bien dicen que no hay que dar peces, hay que enseñar a pescar. La misión de Gente Nueva, el objetivo de Un Kilo de Ayuda, es más comprensible cuando se analiza a través de su primera acción social.

Después del terremoto del 85, la madre de José Ignacio organizó una colecta de alimentos. Entonces arrancó una campaña para reunir a dos familias damnificadas y que ambas se ayudaran mutuamente. De ahí salió el nombre Compartamos. Fue ese el inicio de un programa de despensas. “Intercambiábamos las despensas por trabajo comunitario y una cuota de recuperación de un peso con 50 centavos. Los gastos de operación estaban donados por una empresa extranjera, entonces de la cuota hice un fondo y con ese fondo, empecé a prestar dinero. Así que el mero capital semilla, que pusieron las mujeres indígenas de Chiapas, por la cuota de recuperación de su despensa, hoy tenemos una cartera de 250 millones de dólares, eso es Compartamos”

Cuando un acuerdo internacional le puso fin a las donaciones de alimentos. José Ignacio Ávalos inventó las tarjetas Un Kilo de Ayuda. Y gracias a esto, Gente Nueva se capitalizó y pudo generar las oportunidades que tanto buscaba dar.

“No se nutre alimentando, es decir, una despensa no nutre, te da el alimento de ese día, te ayuda a aliviar la economía de ese momento, pero hasta ahí. No hace nada. Un kilo de Ayuda busca luchar por la justicia social pero tratando de cerrar las brechas de capacidades de oportunidades y de accesibilidad de infraestructura entre ricos y pobres. Y la manera de cerrar las brechas no es retrasando el desarrollo de los ricos sino acelerar la construcción de capacidades, oportunidades e infraestructura de los pobres, haciéndolos a ellos los principales protagonistas de su desarrollo.
Compartamos es hoy una institución que cotiza en la Bolsa de Valores, con una cartera de 250 millones de dólares, y créditos por un billón. “A través del donativo, nunca podrás lograr construir una masa que genere un real impulso de crecimiento para las clases más desprotegidas. Es imposible, lo que hay que hacer es cambiar el sistema, cerrar las brechas”.

Graduados de cinco años
El programa integral de Un Kilo de Ayuda consta de cuatro etapas: Alimentación, Salud, Información y Seguimiento. Aunque la fundación tarda sólo 13 meses (la siguiente mejor del mundo tarda 24) en recuperar totalmente a un niño desnutrido, el programa termina cuando este cumple cinco años. Ese será el caso, en muy poco tiempo, de Edgar Ricardo, un niño que a los tres años pesaba menos de seis kilos.

El equipo de Un Kilo de Ayuda, viaja con cámaras para documentar los casos de desnutrición que encuentran en las comunidades donde operan. Hace dos años, a las nueve de la noche. Ávalos recibió la foto de un niño que, sin explicación médica posible, seguía vivo, pese a su condición física.
“Es un caso insólito. Edgar, cuando llegó al hospital tenía 1.6 de potasio. El corazón se para con 2. ¿Cómo sobrevivió? No sé. Le hablé a mis contactos, entre ellos, Julio Frenk. Le mandé la foto, y me dijo: ‘ni te lo traigas, ese niño se te muere en el camino y te va a demandar la familia’. Le dije que prefería que se muriera intentando salvarlo a que se muriera porque no traté. Yo me lo traigo, tú dame la entrada al hospital de Pediatría o a Nutrición. Ayúdame con un avión, Julio. Él contestó que no. Le dije: ‘se ve que tú no estás del lado de la sociedad civil’”.

Si las autoridades no ayudaban, las circunstancias menos. Aunque la mamá estaba presente, el padre no podía ser localizado y ella no estaba dispuesta a dejar que su hijo se fuera de Mérida, sin que su padre lo autorizara primero.

Mientras Ávalos organizaba ambulancias, aviones, papeleos, el equipo en Mérida buscaba al padre por las carreteras, donde estaba trabajando. “Yo les dije: mira, si el papá no aparece, tú te distraes a la mamá y nos lo robamos. Robado-prestado, pero nos lo traemos”.
José Ignacio proponía que una ambulancia llevara a Edgar al aeropuerto en Mérida, que viajara con él, y que otra ambulancia lo recogiera en la Ciudad de México para llevarlo a un hospital. Pero ningún médico quería hacerse responsable si no recogían al niño en su casa y lo entregaban al hospital. “Y yo diciendo: ‘el tiempo es oro y el niño se me va a morir en lo que ustedes llegan’”.
Tuvo que hacer caso y armarse de paciencia, fue así como lograron estabilizar a Edgar antes del viaje y así llegar a Toluca, de donde el hospital más cercano era el Ángeles de Interlomas, “donde encontramos a la doctora Irene Maule que había ido a vivir a Africa y a India a aprender a casos como este”. ¿Quién lo iba a decir? Tres meses después, Edgar Ricardo estaba recuperado.
“Yo me tardo 13 meses en recuperar un niño, y el siguiente programa en el mundo se tarda 24 meses. Cuando hablé de microcréditos en America Latina, decían que eso sólo se podía hacer en Asia. Hoy podemos llevar el ejemplo de una empresa de 250 millones de dólares que empezó con el dinero de mujeres indígenas. Cuando empecé todo mundo se burlaba porque quería prestarle a los pobres, como se burlan ahora, que llevo seis años tratando de convencer al mundo del comercio rural”.
José Ignacio Avalos reconoce que es muy desorganizado. Por alguna razón, tal vez por exceso de humildad, se describe como un mal administrador. Por experiencia, sabe que su mujer siempre tiene la razón y que jamás debe dejar de ser guadalupano. A más de 20 años de echar a andar Gente Nueva, la institución que cobija Un Kilo de Ayuda, piensa que es momento de seguir el consejo de su mujer y unificar su vida. Dedicarle más tiempo en la agenda a la acción social que a los negocios.

Fuente: Lideresmexicanos.com

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